jueves, 23 de mayo de 2013

Próxima parada: La realidad.

Se abren las puertas del vagón del metro, encuentras un asiento libre y piensas ''¡genial!'', miras al alrededor, y te encuentras reflejado en otra mirada triste, en otra sonrisa fingida. Te preguntas si esa chica morena con el pelo recogido se habrá percatado de que estás allí, dispuesto a salvarla. A salvar a aquella que se pierde entre las páginas de un libro cuyo título no puedes leer, la chica que deduces que es paranoica, miedosa y desconfiada por naturaleza porque lleva sobre sus piernas su mochila, protegiéndola como si llevara en ella su mismo corazón. Como si tuviera miedo de que alguien quisiera hacerle daño. Que parece que mataría si alguien quisiera tocar lo que es suyo por miedo a que alguien lo dañara. La chica de ojos grandes, tristes y oscuros, como es ahora mismo su vida. Su vida y la tuya. Porque la tuya también es oscura ahora que te das cuenta, y por eso te has enamorado fugazmente de ella, porque jamás habías encontrado alguien en quien te reflejaras de la misma manera que te has reflejado en ella. Y piensas que podrías reconstruir su vida, en ruinas, como la tuya.
Vuestras miradas se cruzan, sonríes, y ella te devuelve la sonrisa. Dos sonrisas que significan ''puedo quererte como nadie te ha querido nunca'', pero que no irán más allá. Genial, al menos, sabe que estás allí.

El tren se para, las puertas se abren. Te percatas de que has llegado a tu estación. Te levantas, sales del vagón y echas la vista atrás por última vez deseando verla gritando en silencio un ''no te vayas, sálvame de esto'', pero las puertas se cierran y a pesar de que la buscas desesperadamente con la mirada, no la encuentras. El tren se va, y con él, se va ella. Cierras los ojos y piensas ''ojalá te encuentre algún día''. Vuelves a abrirlos sin saber que ella ha pensado lo mismo. Sigues tu camino, has llegado a tu parada, no volveréis a veros. Bienvenido de vuelta a la realidad.

martes, 23 de abril de 2013

Séptimo veintitrés.

Hace nueve meses y tres días que nos encontramos de la manera más tonta. Podía haber vuelto antes a casa, coger otro bus que diese menos vuelta o tú podías no haber perdido las fotos, pero algo quiso que ese veinte de julio nuestras vidas se cruzaran, para meses después, en concreto un veintitrés de septiembre coger el mismo rumbo. Y aquí estamos hoy, siete días veintitrés a tu lado, para muchos un día de tantos, un día cualquiera, para mí algo más que un día, más que un número... Para mí significa que la vida sigue siendo maravillosa porque llevo siete meses al lado de la persona más increíble que existe en este mundo. Tú.
En siete meses me ha dado tiempo a reír y a llorar a tu lado, a aprender y a equivocarme, a odiarte y a quererte cada día un poquito más. Hemos caído, y hemos remontado el vuelo (ésta frase tiene un significado especial que seguramente no recordarás, memoria pez), pero hemos permanecido juntos y eso es lo que importa, y lo que vale.

Sabes que cuando te conocí no era el mejor momento, pero supiste esperar e insistir, y te doy las gracias por ello. Dicen que después de la tormenta viene la calma, y es cierto. Porque si tú no hubieses pesto el empeño que pusiste, ahora no estaría aquí, sonriendo y medio llorando de felicidad porque me doy cuenta de que la vida es mejor desde que estás conmigo.
Creo que a lo largo de todo este tiempo te he dicho miles de cosas bonitas, todas ellas ciertas y lo sabes de sobra, así que no sé qué más decirte... Me sobran las palabras, de verdad... Gracias por todo, jamás me cansaré de decírtelo. Que eres de lo mejor que tengo en ésta vida y que estos siete meses han sido de los más maravillosos que he vivido en dieciséis años.

Por último, sólo me queda pedirte perdón por millonésima vez por todo lo malo, y recordarte que te quiero. Que te quiero como a nadie en éste mundo. Eres mi vida.

Te quiero, pequeñajo.

sábado, 23 de febrero de 2013

154 días a tu lado.

En los últimos 154 días he aprendido a ser feliz conmigo misma, me he dado cuenta de que soy mejor de lo que siempre había creído, de lo que siempre me habían hecho creer. Me he dado cuenta de que la persona que habías esperado durante tanto tiempo, puede estar más cerca de lo que te imaginas y sin embargo, tener que esperar a que ocurra la tontería más grande para que vuestros destinos se crucen. Que las segundas oportunidades son buenas y merece la pena darlas, y que a veces el no pensar dos veces lo que se hace, puede traer consigo una de las mejores decisiones de tu vida. También he aprendido a perdonar y a reconocer mis errores, a ser menos orgullosa, a dar razones del por qué quiero o necesito algo. Pero sobretodo, he vuelto a aprender a querer, y todo lo que ello conlleva.
Y por todo esto, y por miles de cosas más, te doy las gracias. Porque hoy, cinco meses después, soy una persona algo distinta, me he dado cuenta de muchas cosas, y todo te lo debo a ti. A ti, por esperarme, por tu paciencia, por tu cariño, por estar ahí cuando más lo necesito, por quererme y por dejarte querer, a ti pequeño... Gracias por todo. Por estos cinco meses que aunque son pocos, sé que para ti son un mundo, por cinco meses cargados de cosas buenas y cosas malas, pero todas ellas importantes.
Eres grande amor, y sobretodo, recuerda siempre que gracias a ti, yo también puedo serlo.

Cinco meses, y muchos más si me dejas...

lunes, 11 de febrero de 2013

A pesar de todo, tú. Siempre tú.


Pasan miles de personas por tu vida, unas se van, otras se quedan. Otras te fallan, y otras te demuestran que merecen la pena. Algunas, te hacen sonreír, y otras te joden y te la clavan. Y duele, duele como si te clavaran un puñal en el corazón.
Y luego está la persona de la que te enamoras, que puede irse y seguirás amándola un tiempo, o puede quedarse y hacerte sentir el ser más afortunado del puto universo. Puede fallarte a veces, y otras tantas te demuestra que merece la pena con todos sus detalles, sus defectos, sus virtudes y sus manías. Que te hace sonreír con cualquier cosa, y que a veces te jode, pero es que las cosas son así, nadie es perfecto, todos cometemos errores.
Y así eres tú, que a veces me jodes y me matas, y otras veces me haces sentir viva, más que nunca. A pesar de todo lo malo, y celebrando todo lo bueno, que sepas que te quiero. Que te quiero como hace tiempo que no quería a nadie.

domingo, 20 de enero de 2013

¿Qué es querer?

Duele. A veces duele. Y otras en cambio no. Porque eso es querer, dolerse mutuamente como si el otro fueras tú mismo, y otras, simplemente es sólo ser feliz si el otro lo es.

A mí me duele cuando él no sonríe, me duele cuando él no es él, me duele cuando yo le duelo y me duele cuando nos destruimos mutuamente. Y muchos pensarán que si eso es quererse... Pues sí, lo es. Porque cuando él no es feliz, yo no lo soy, pero cuando él es feliz... Yo soy la persona más feliz del mundo.

jueves, 22 de noviembre de 2012

No hay mayor libertad que tenerte enfrente.

Reconozco que el día que te conocí pensé que serías una de esas tantas personas que te cruzas algún día sin darle importancia al hecho de haber hecho un intercambio de miradas, de esas personas que has visto más de una vez, una de esas personas que sabes que existe pero que tampoco te importa. Pero no fue así. Y hoy por hoy, me alegro de que fuese diferente. Doy gracias (no sé a quién, pero las doy) de haberme cruzado aquel día contigo en Madrid, de haber empezado a hablar contigo, de quedar, de emborracharme y decirte que quería verte después de estar un mes sin hablarte, de besarte, de abrazarte y de dejar que las cosas empezaran a ser como debían ser.
Me alegra haberte dado la oportunidad de empezar algo, me alegro de haber dejado que te quedaras a mi lado, me alegra hacerte feliz, porque, si no lo sabes, si tú eres feliz, yo soy feliz.
No me canso de darte las gracias por hacer que todo cambiara, por aparecer, por hacerme sonreír, y por recordarme que la persona adecuada siempre aparece cuando menos te lo esperas.
La verdad, tengo tantas cosas que decirte, que no podría escribirlas todas porque no habría espacio, ni decírtelas, porque me haría falta ser inmortal. De momento, quédate con esto: Te quiero, y recuerda que removería cielo y tierra por verte sonreír.

domingo, 18 de noviembre de 2012

No estás.

¿Dónde están hoy tus ganas de besarme? ¿Dónde están las risas y los abrazos? ¿Dónde se han quedado los ''lo siento'' y los ''tengo ganas de verte? Parece que se han ido igual que se fue el frío de Madrid aquella tarde cuando me abrazaste. Cuando te sentí, me sentiste, cuando comencé a respirar tu aliento y tú el mío después de tanto tiempo, cuando me di cuenta de que aquel momento que había ansiado que llegara durante meses, ya había llegado. Que lo estaba viviendo. Que tú estabas ahí, conmigo, dándome la mano, que éramos tú y yo, que no había nadie más. No pensaba en lo que vendría después, si me arrepentiría, si era eso lo que no quería hacer... Estábamos tú y yo y, joder... ¡Se me olvidó el resto!

Hoy, por más que busco razones para no echar de menos aquel día, por más que busco motivos para convencerme de que es lo que tenía que pasar, sigo torturándome porque ni te siento ahora, ni volveré a hacerlo. Hoy, has decidido pasar página, cerrar el libro, guardarlo en la estantería del recuerdo. Hoy, simplemente, ya no estás.