jueves, 22 de noviembre de 2012

No hay mayor libertad que tenerte enfrente.

Reconozco que el día que te conocí pensé que serías una de esas tantas personas que te cruzas algún día sin darle importancia al hecho de haber hecho un intercambio de miradas, de esas personas que has visto más de una vez, una de esas personas que sabes que existe pero que tampoco te importa. Pero no fue así. Y hoy por hoy, me alegro de que fuese diferente. Doy gracias (no sé a quién, pero las doy) de haberme cruzado aquel día contigo en Madrid, de haber empezado a hablar contigo, de quedar, de emborracharme y decirte que quería verte después de estar un mes sin hablarte, de besarte, de abrazarte y de dejar que las cosas empezaran a ser como debían ser.
Me alegra haberte dado la oportunidad de empezar algo, me alegro de haber dejado que te quedaras a mi lado, me alegra hacerte feliz, porque, si no lo sabes, si tú eres feliz, yo soy feliz.
No me canso de darte las gracias por hacer que todo cambiara, por aparecer, por hacerme sonreír, y por recordarme que la persona adecuada siempre aparece cuando menos te lo esperas.
La verdad, tengo tantas cosas que decirte, que no podría escribirlas todas porque no habría espacio, ni decírtelas, porque me haría falta ser inmortal. De momento, quédate con esto: Te quiero, y recuerda que removería cielo y tierra por verte sonreír.

1 comentario:

  1. Después de leer varias historias tristes típicas en los blogs, leerte a ti es un soplo de aire fresco.
    ¡Que dure!

    http://www.azucarycenizas.blogspot.com.es

    ResponderEliminar