martes, 23 de abril de 2013

Séptimo veintitrés.

Hace nueve meses y tres días que nos encontramos de la manera más tonta. Podía haber vuelto antes a casa, coger otro bus que diese menos vuelta o tú podías no haber perdido las fotos, pero algo quiso que ese veinte de julio nuestras vidas se cruzaran, para meses después, en concreto un veintitrés de septiembre coger el mismo rumbo. Y aquí estamos hoy, siete días veintitrés a tu lado, para muchos un día de tantos, un día cualquiera, para mí algo más que un día, más que un número... Para mí significa que la vida sigue siendo maravillosa porque llevo siete meses al lado de la persona más increíble que existe en este mundo. Tú.
En siete meses me ha dado tiempo a reír y a llorar a tu lado, a aprender y a equivocarme, a odiarte y a quererte cada día un poquito más. Hemos caído, y hemos remontado el vuelo (ésta frase tiene un significado especial que seguramente no recordarás, memoria pez), pero hemos permanecido juntos y eso es lo que importa, y lo que vale.

Sabes que cuando te conocí no era el mejor momento, pero supiste esperar e insistir, y te doy las gracias por ello. Dicen que después de la tormenta viene la calma, y es cierto. Porque si tú no hubieses pesto el empeño que pusiste, ahora no estaría aquí, sonriendo y medio llorando de felicidad porque me doy cuenta de que la vida es mejor desde que estás conmigo.
Creo que a lo largo de todo este tiempo te he dicho miles de cosas bonitas, todas ellas ciertas y lo sabes de sobra, así que no sé qué más decirte... Me sobran las palabras, de verdad... Gracias por todo, jamás me cansaré de decírtelo. Que eres de lo mejor que tengo en ésta vida y que estos siete meses han sido de los más maravillosos que he vivido en dieciséis años.

Por último, sólo me queda pedirte perdón por millonésima vez por todo lo malo, y recordarte que te quiero. Que te quiero como a nadie en éste mundo. Eres mi vida.

Te quiero, pequeñajo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario