jueves, 22 de noviembre de 2012

No hay mayor libertad que tenerte enfrente.

Reconozco que el día que te conocí pensé que serías una de esas tantas personas que te cruzas algún día sin darle importancia al hecho de haber hecho un intercambio de miradas, de esas personas que has visto más de una vez, una de esas personas que sabes que existe pero que tampoco te importa. Pero no fue así. Y hoy por hoy, me alegro de que fuese diferente. Doy gracias (no sé a quién, pero las doy) de haberme cruzado aquel día contigo en Madrid, de haber empezado a hablar contigo, de quedar, de emborracharme y decirte que quería verte después de estar un mes sin hablarte, de besarte, de abrazarte y de dejar que las cosas empezaran a ser como debían ser.
Me alegra haberte dado la oportunidad de empezar algo, me alegro de haber dejado que te quedaras a mi lado, me alegra hacerte feliz, porque, si no lo sabes, si tú eres feliz, yo soy feliz.
No me canso de darte las gracias por hacer que todo cambiara, por aparecer, por hacerme sonreír, y por recordarme que la persona adecuada siempre aparece cuando menos te lo esperas.
La verdad, tengo tantas cosas que decirte, que no podría escribirlas todas porque no habría espacio, ni decírtelas, porque me haría falta ser inmortal. De momento, quédate con esto: Te quiero, y recuerda que removería cielo y tierra por verte sonreír.

domingo, 18 de noviembre de 2012

No estás.

¿Dónde están hoy tus ganas de besarme? ¿Dónde están las risas y los abrazos? ¿Dónde se han quedado los ''lo siento'' y los ''tengo ganas de verte? Parece que se han ido igual que se fue el frío de Madrid aquella tarde cuando me abrazaste. Cuando te sentí, me sentiste, cuando comencé a respirar tu aliento y tú el mío después de tanto tiempo, cuando me di cuenta de que aquel momento que había ansiado que llegara durante meses, ya había llegado. Que lo estaba viviendo. Que tú estabas ahí, conmigo, dándome la mano, que éramos tú y yo, que no había nadie más. No pensaba en lo que vendría después, si me arrepentiría, si era eso lo que no quería hacer... Estábamos tú y yo y, joder... ¡Se me olvidó el resto!

Hoy, por más que busco razones para no echar de menos aquel día, por más que busco motivos para convencerme de que es lo que tenía que pasar, sigo torturándome porque ni te siento ahora, ni volveré a hacerlo. Hoy, has decidido pasar página, cerrar el libro, guardarlo en la estantería del recuerdo. Hoy, simplemente, ya no estás.