martes, 4 de septiembre de 2012

Mi vida contigo.

Supongo que hay pocas cosas tan bonitas como despertar al lado de la persona que quieres. Abrazados, con las bocas a cinco centímetros y las mismas ganas del otro de siempre, o incluso más. Ducharse juntos y desayunar mirándose a los ojos, entre risas y unos cuantos ''te quiero'' acompañados de caritas felices garabateados en una insignificante servilleta de papel. Pasar el día juntos, abrazados, siendo felices y quizá discutir por alguna tontería, pero reconciliarse a los cinco minutos con un ''qué idiota eres'' acompañado de una sonrisa sincera y una caricia de esas que te hacen recordar que nadie te había acariciado antes así, pero que tampoco lo hará porque deseas pasar toda la vida junto a esa persona. Llegar a casa después de pasar el día en El Retiro y cenarse mutuamente en la cama, bajo las sábanas y con las luces apagadas, y dormirte mientras te abraza y te toca el pelo, sintiendo su calor, y escuchando cómo te susurra un ''te quiero, mi niña'', algo simple, pero sincero. Así quiero que sean todos los días de mi vida, contigo, si me dejas, si tú quieres. Suena bien, ¿verdad?

domingo, 2 de septiembre de 2012

Esta noche, he mirado al pasado.

Hoy miro al pasado y me doy cuenta de que las cosas han cambiado demasiado. En estos últimos meses ha aparecido mucha gente en mi vida, a día de hoy unos siguen a mi lado, y otros no. He tenido que olvidar, perdonar y odiar. Me he sincerado y he mentido. He reído, y he llorado más de lo que me gustaría. Me han jodido por dentro haciéndome pedazos el corazón y me lo han vuelto a reconstruir con una mezcla de amor y felicidad. He amado, me he ilusionado y me he sentido la chica más afortunada del mundo por hacerlo. He tomado decisiones. Y por último pero no menos importante... He cometido errores, quizá demasiados, pero no me arrepiento de haberlo hecho porque si algo he aprendido en estos dieciséis años es que de los errores se aprende.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Tú, yo, el frío y las calles de Madrid.

Anoche, antes de dormir, al mirar tu foto por última vez y cerrar los ojos, imaginé, sin quererlo, cómo sería ese día en el que nos tuviéramos frente a frente. No me preguntes por qué, pero era un soleado día de invierno en pleno centro de Madrid. Aquel día yo vestía un gorro de lana blanco, mi mejor sonrisa e ilusión en la mirada. Fue acercarme a ti y abrazarte, separarnos durante segundos y después, mirarte a los ojos, sonreír a escasos milímetros de tu boca y besarte. Era todo tan perfecto, parecía tan real... Mentiría si dijera que no espero, más que otra cosa, que llegue ese día. Quizá es que el subconsciente nos traiciona, o quizá es que necesito verte más de lo que yo pensaba. Lo mismo es que te quiero más de lo que ambos creemos. Y si lo que imaginé anoche se va a cumplir... Ojalá llegue pronto el frío a Madrid para poder tenerte a mi lado.